La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Astrud y Col·lectiu Brossa: delicias de otoño

Manolo, de Astrud, que es profesor de Filosofía del Lenguaje, no lo sabe, pero es el responsable de mi terapia. No es una terapia de diván y caros tres cuartos de hora, sino de exquisitez musical cuanto menos inesperada. Con Astrud, como con la Filología, yo llegué tarde; yo no hice el doctorado, ni llegué a ser profesor, ni mucho menos se me ofreció la oportunidad nada menos que de estudiar Filosofía del Lenguaje (fíjate), porque ya era tarde y tenía que ponerme a trabajar, y urgentemente. Y con Astrud también llegué tarde; cuando eran los abanderados del "pop inteligente", y se hicieron habituales de los círculos gafapastas, yo hasta me reía de sus canciones, y cuando descubrí todo lo que había detrás de Astrud, de esas letras inenarrables, ya era demasiado tarde, pero me enamoré perdidamente de ellos. Más aún cuando vi dos sólidos conciertos de la banda en sendos festivales; ya era tarde para ser un fan, pero me convertí en uno más de sus fervientes admiradores. Y este año, en el que llevaron por tierras patrias su directo con el Col·lectiu Brossa, yo también llegué tarde, y me los perdí. Pero ahora su reciente disco me está sirviendo de terapia. No es que sea un álbum recomendable, es que es lo más hermoso y sorprendente que ha caído en mis manos en mucho tiempo. Y esta vez no he llegado tarde, y estoy contento. Sólo por escuchar una y otra vez su versión de "Cambio de idea" merece la pena apretar de nuevo el botón del Ipod, una y otra vez, para quedarme henchido de gozo por un concepto de canción, de melancolía que nunca jamás pensé que podría ni siquiera soñar viniendo de estos dos entrañables chiflados de la facultad de Filología de la Universitat de Barcelona. Y, además, fueron compañeros de Innes; el mundo, ya se sabe, nos ajusta y aprieta en ese pañuelo que es el devenir vital.

Aquí os dejo con su "Minusvalía" versión masía catalana. Delicias de otoño.

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