La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Más allá de todo confín

Si te alejas un poco de la Tierra las cosas se diluyen, tanto más cuanto mayor sea la distancia que pones de por medio con nuestro hogar terrestre. Lo malo es que el ser humano, por sí solo, es capaz de elevarse muy poco del suelo. Los decepcionantes 2,45 metros logrados por el cubano Sotomayor en Salamanca en el 93 no parecen una distancia suficiente para poder alejarte de todas las inmundicias ni las penas contenidas en este viejo trozo de roca que gira desde hace unos cinco mil millones de años alrededor del Sol.

Ahora que estamos dando pasos para atrás, y que se llega incluso a poner en cuestión que la Tierra sea redonda u otras tonterías creacionistas, suena más a música celestial una noticia que al bueno de Carl Sagan le pondría más contento que unas castañuelas: la vieja sonda Voyager, ese trozo de metal del tamaño de un utilitario que se está alejando cada vez más de la Tierra, está llegando a los confines de nuestro Sistema Solar.

¿Y cómo se sabe?, porque el viento solar, esa corriente magnética de partículas que el Sol emite, está "dando la vuelta" al paso de la sonda. Está, así, abandonando la heliofunda, o lo que es lo mismo, dejando atrás la heliopausa, donde el viento solar va desapareciendo poco a poco. En definitiva, más allá de todo confín.

A mí simplemente leer estos nombres tan hermosos me fascina. Me reconforta saber, ahora que las cosas se deforman y se tornan dolorosamente "terrenales", que un cacharro que ha creado el hombre (con ese famoso disco de oro dentro, una grabación seleccionada por un comité de la NASA presidido por el propio Sagan, con imágenes, sonidos e información de la Tierra) está lo más lejos que hemos podido llegar, en los confines de nuestro sistema planetario, a más de quince mil millones de kilómetros de nuestra querida enana blanca.

El universo puede perderse en un grupo perfecto de células malogradas antes de tiempo, pero es tan inmenso, tan inabarcable que se ve hermoso y brillante en esta ruda superficie de material desmenuzable del que se compone nuestro suelo. La tierra, el polvo que da nombre a nuestro planeta, la que puede contenerse en un puño a medio cerrar, es tanta parte de ese universo como lo somos todos nosotros. Es la física, pues todos somos física, vivos o muertos, sanos o insanos, alegres o contentos.

Los sentimientos son otra cosa, son veleidades de nuestra especie. Esa veleidad que hace que se tenga cariño a un trozo de metal que se aleja definitivamente de nosotros, y que no sabemos qué va a encontrar. Como tú y como yo, que lidiamos con nuestro destino, empeñados en vivir entre estos confines, sin saber cómo, a veces, sobrevivir a nosotros mismos.

1 comentario

  1. innes

    Vaya, ahora nos van a encontrar. ¡!

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