Wire y la esencia del punk
Entre esta actuación
y ésta
median veintiséis años. El punk que quería reinventarse ya por aquel entonces se convirtió en esta maravilla que ayer tuvimos la suerte de revivir unos cuantos privilegiados en la Moby Dick de Madrid. El mismo día, por cierto, en que los espabilados de los promotores de conciertos hicieron que coincidieran en la misma ciudad Jay Jay Johansson, Laetitia Sadier, Hercules & Love Affair y Wire. Había que elegir entre el petardeo moderno, la musa de los loops, el desenfreno del arco iris y los abuelos del punk. Propuestas todas interesantes, pero me decanté por la última. Primero, porque me faltaba esa casilla en mis grupos-que-debes-ver-antes-de-morir; y, segundo, porque sabía que no iba a salir defraudado. Y no salí.
Esos conciertos entre semana, matando al sueño y la vigilia necesaria para el día posterior; compartiendo cervezas y chanzas con un muy mejor amigo; y sintiendo sólo algo que se puede sentir cuando unos músicos como esos, que rondan la tercera edad, cubren con ensordecedor estruendo la sala de tal modo que sólo el impetuoso y repetitivo (cual metrónomo) compás de la caja del baterista nos recuerdan que no estamos sumidos en un esplendoroso final del mundo.
Apabullante.



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