La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Ricos y pobres

De la ambición y la avaricia puedo hablar, porque las he visto de cerca. Del dinero  no. Precisamente, como sé por experiencia, sirve para evitar a los que lo tienen el pringoso contacto con quienes no lo tenemos. Y con toda honradez confieso que no me parece mal: los pobres, salvo que las estadísticas me fallen, somo feos, malhablados, torpes de trato, desaliñados en el vestir y, cuando el calor aprieta, asaz pestilentes. También tenemos, dicen, una excusa que, a mi modo de ver, en nada altera. No es por ello menos cierto que somos, a falta de otra credencial, más dados a trabajar con ahínco y a ser dicharacheros, desprendidos, modestos, corteses y afectuosos, y no desabridos, egoístas, petulantes, groseros y zafios, como sin duda seríamos si para sobrevivir no dependiéramos tanto de caer en gracia. Pienso, para concluir, que si todos fuéramos pudientes y no tuviésemos que currelar para ganarnos los garbanzos, no habría futbolistas ni toreros ni cupletistas ni putas ni chorizos y la vida sería muy gris y este planeta muy triste plaza.

Y eso que Eduardo Mendoza, tan enorme como siempre, en su El laberinto de las aceitunas pone estas palabras en boca de un descabellado y culterano personaje que, a la vez que perspicaz hasta extremos estrambóticos, no está nada bien de la azotea y acaba de salir por ello de un manicomio. Pero dice el dicho que hay que escuchar a los niños y a los locos. En cualquier caso, leyendo este pasaje me vino también a la memoria aquella boutade que Tom Baker, a la sazón narrador de esa maravilla llamada Little Britain, soltó en un episodio:

Todos sabemos a que clase pertenecemos; si usted no lo sabe sólo tiene que levantarse la piel de la frente con un cuchillo y mirar en su cráneo: allí verá grabado 'alta', 'media' o 'baja'.

En mi sociedad ideal, más allá de teorías políticas, el hombre no se mediría por su cuna, su capacidad adquisitiva y su capital, sino por aspectos más intangibles, como su ansia intelectual o su capacidad para obrar con justicia. Es lo que tienen las entelequias y las utopías. Este mundo es el que es, y los ricos de verdad no se preocupan por el trabajo porque es una vulgaridad. Así, en la espléndida segunda temporada de Mad Men (la esencia del cine, definitivamente, está hoy en la pantalla pequeña), cuando el protagonista, un cínico y falto de escrúpulos alto ejecutivo de una empresa de publicidad, en la cúspide de su carrera, en una viaje de negocios "por todo lo alto", conoce de primera mano cómo viven los ricos de verdad, a los que a sí mismos se definen como "nómadas" en una espléndida metáfora de su condición de seres lejos de la realidad del resto de humanidad, se queda patidifuso. Hay un personaje incluso que dice "pero yo soy médico", a lo que otra nómada responde "ya, pero nunca has trabajado". Don Draper descubre así que hay gente verdaderamente rica que vive de espaldas al mundo, y que no se molesta por esas cosas que nos preocupamos el resto del mundo, incluido Don, que por mucho dinero que tenga, por muy buena posición que ocupe en la sociedad y por mucho éxito que haya tenido en su carrera no deja de ser un pringado que usa traje por obligación y soporta como puede ser un cabeza de familia clasista, machista e hipócrita.

En fin, los pobres tenemos que ocuparnos en ganarnos los garbanzos. Sí, aunque sea en la emisora a la que Innes está enganchada, y no por su nivel intelectual, sino por el factor de no dar crédito de escuchar cómo unas supuestas videntes (andaluzas, según reza el presentador) mantienen en línea a las crédulas clientes (abrumadoramente féminas, por cierto) para sacarles todo el dinero que puedan con cada llamada. Para más inri el nombre de la cadena es Éxito Radio, lo que aún supone un grado más de surrealismo. Pero claro, esas videntes están haciendo lo que todos: ocupar su tiempo en eso que se llama trabajo, laboro, curro, faena. Eso con lo que todos, día a día, engrasamos la cadena para que todo siga funcionando y los que más tienen más puedan llevarse cada vez. Ramén.

1 comentario

  1. Me ha encantado lo que has escrito, esa descripcion de los pobres ha sido excelente

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