Tracey y las redes sociales
Es ésta una de esas historias que llevaban en barbecho desde hace meses. Ni siquiera sé si es ahora el momento anímico idóneo para publicarla, sobre todo con todo lo que está pasando en Japón, pero por lo que veo sí que lo es desde el punto de vista de la actualidad, porque hasta es el tema estrella de El País este finde.
Hay clásicos personales que se cuelan en todos los recovecos de tus propias listas de éxito. Y hay artistas que casi viven contigo, tal es el cariño que les profesas. Y en este caso sí, sé que para algunos no suenan "auténticos", que a veces son sensibleros, que han coqueteado demasiado a menudo con lo humanamente entendible como "música blanda", y que al final y a la postre deben su éxito universal (no el "independiente") a las pistas de baile con una canción que no estaba planeada que fuera así. Puede, todo es cierto, y más, pero cuando hablamos de Everything But The Girl a muchos se nos pone en el rictus una tonta sonrisa de satisfacción. El dúo Tracey Thorn / Ben Watts nos ha dado tantos buenos momentos en nuestras vidas que forman parte ya de esa endiablada maraña que compone nuestro cajón de recuerdos cerebral. Por supuesto ayuda que, para este humilde escribiente, Tracey posee, sin duda, una de las más bellas voces que ha dado el pop de las últimas décadas.

Porque, ¿cuál fue la primera noticia que tuve de ellos? Joder, Eden es del 84, y ahora mismo no estoy seguro de si mi "guía espiritual" (mi hermano) se compró primero ése o Love not money del año siguiente. Supongo que sería el primero, pues mi hermano estaba a la última en las novedades de eso que vino a llamarse "onda jazzy" de principios de los ochenta. ¿Y qué diantre era eso de la onda jazzy?, pues un cajón de sastre que, dentro de la eclosión musical de la época, donde se iban inventando etiquetas sobre la marcha, correspondió con un movimiento del que ya poco o nada dice a casi nadie, y en el que se mezclaban cosas tan dispares como The Style Council, Sade, Weekend e incluso, qué sé yo, Matt Bianco o cosas peores, debido en muchos casos a sus álbumes de debut. El elemento en común era, en cualquier caso, el gusto por retratarse en pequeños garitos rodeados de toda la parafernalia glamurosa de los grandes estrellones del jazz (ya se sabe, tugurio, humo, alcohol, vestidos negros, ropa amplia y corte cruzado, con sensualidad maxidesbordante y cara de "te voy a pasar por la piedra en cuanto que me baje del escenario"), y una ligera aproximación a ese mítico jazz, sobre todo por la utilización, a menudo ampulosa, de los vientos, ritmos y cadencias propios de éste.
Pues ahí se colaron dos feúchos, ensimismados y extremadamente modestos; él salido del folk-jazz, ella del punk (vamos, como todos en la época) y de un grupo de chicas inclasificable y delicioso llamado Marine Girls. Y se juntaron, y montaron un grupo que se llamó "Todo menos la chica", nombre que juran y perjuran salió del cartel de un colmado en el que rezaba que, efectivamente, se vendía todo menos la dependienta.
Ya se sabe que a veces, pero sólo a veces, al menos en mi caso, se traspasa la gruesa línea que separa la idolatría bien entendida hacia un personaje y el ansia de saber aspectos de su vida personal y cotidiana. Soy muy poco mitómano, como ya expliqué en este post, pero algunas veces (y resalto lo de algunas) se cruza esa gruesa línea; y para ello no hay nada mejor, claro está, que las redes sociales, que estén en los cielos, ramén.
Y, precisamente, el caso que más me sorprende y apasiona en los últimos tiempos es el de Tracey Thron. Hace un tiempo que se me encendió esa bombillita de avezado buscador de la red que señala el ansia de saber de algún personaje del que hace ya demasiado tiempo que no sabes (ansia sublimada en el blog Qué fue de..., uno de mis compañeros de fatigas coctelero desde hace ya mucho tiempo). Pues bien, lo que no me imaginaba es que se iba a inventar eso del Twitter, ejemplo paradigmático de lo que puede hacer un vouyeur en la red. No hay nada mejor que leer (cuando realmente lo escribe el personaje en cuestión) el timeline de alguna celebridad, especialmente de aquellos que comentan hasta cuando están viendo la tele, y cotillear lo que sale de sus mentes...
Gracias, pues, a Twitter podemos leer, en el caso de Tracey, maravillas como ésta:
"I'm back from lunch, by the way. I've eaten too much garlic. Don't get too close."
Saber que una de tus "heroínas" musicales es capaz de compartir estas "sencilleces" me llena de ternura. Y sí, a los que consideren que esto es una estupidez, pues les doy la razón, pero de tiernas estupideces está el mundo de las ilusiones lleno.
Además, Tracey es una de esas artistas que no pierde de vista todo lo que suponen las nuevas tecnologías y su valor como difusoras de la música. No en vano, acogieron en su momento todas las innumerables versiones que de su "Missing" se hicieron con humor y perplejidad, pero sin afán de luchar contra ellas. Su carrera habla por sí sola, así que no necesitan pensar en piraterías ni estrechos derechos de autor. Tracey suele regalar algunos de sus temas en su página, un valioso ejemplo de cómo debe gestionarse este tipo de cosas en la red. Echad, pues, un vistazo y comprenderéis por qué lo digo (sin olvidar que hace ya años que comparte inquietudes musicales a través de su rincón en Myspace, desde donde, por ejemplo, descubrí a uno de mis favos de los últimos años, Jens Lekman). Así, podemos disfrutar de lo que sigue creando, pues Tracey y Ben nunca se han ido del todo, a pesar de enfermedades graves y descendencia. De hecho, son una rareza de la industria del rock: una pareja musical y una pareja en la vida real que llevan años juntos, y que siguen juntos tocando y viviendo su propia vida. Veámosles en su propio estudio, que a mí me da la impresión de que está en su propia casa; me encanta, me da ternura la sencillez y cercanía de la grabación, y el mejor modo de enfrentarse a todo: sabiendo reírse de sí mismos.
Y otra más: la interpretación de uno de sus últimos temas en directo: "Oh, the divorces!".
Algo tiene su voz que es como un bálsamo. Un bálsamo para los tiempos difíciles, un bálsamo de calma en la tormenta, un bálsamo que nunca dejó de irse y que nos ha estado acompañando todos estos años, con la misma sencillez con la que toma la guitarra y ataca el micrófono todavía.
Para los poco avezados, les propongo un viaje nostálgico a lo mejor de cada época de Everything. Y como no quiero cargar aún más el post, os dejo sólo los enlaces al tutubo.
- La prehistoria, Marine Girls.
- Los comienzos: When as well.
- Una pequeña joyita de la época: Everything con Johnny Marr en Native Land.
- Bueno, qué se puede decir de esto: These early years (suspiro).
- Un par de versiones muy especiales: I don't want to talk about it...
- y Time after time, en directo y acústico.
- Su época "sinfónica": Come on home.
- La madurez, y probablemente uno de mis álbumes y canción favoritos de toda mi discografía, que no es poco decir... Rollercoaster.
- El fenómeno Missing y una de sus innumerables versiones.
- La locura colectiva con su abrazo decidido a la electrónica y a la fama, con la fascinante Before Today en directo.
- Y una de las últimas cosas que hicieron juntos como grupo, Temperamental, ya inmersos en el mundo de las máquinas.



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