La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Con lo que yo podría haber sido...

Yo podía haber sido biólogo. Y lo digo en serio. Sé bastante de bichos, y hay pocas cosas experimentadas por mí más excitantes que espiar los movimientos de algún animal salvaje. Soy paciente, sufrido como hoplita y observador. Pero no soy de ciencias. Eso lo saben hasta las calculadoras de mi escritorio.

Probablemente podía haber sido un buen músico. Un bajista o un batería competente. Tengo un buen sentido del ritmo, buena coordinación y sangre fría para los momentos importantes. Soy hábil con las manos, pero claro, nunca he manejado el lenguaje musical, y una partitura es para mi tan inescrutable como el egipcio faraónico. Se podría aprender, sí, y podría aprender física cuántica, pero cada uno debe conocer sus límites.

Creo sinceramente que también habría sido un excelente técnico de sonido. Me manejo bien con un ecualizador, y creo que sabría sacar lo mejor de un músico en un estudio de grabación, de una mesa de mezclas. Pero por ahora sólo puedo contentarme con ecualizar el sonido de mi televisión, de mi radio del coche...

Dicen que podía haber sido un buen actor de comedia. Soy bastante payaso. Los que me conocen lo saben bien. Pero dudo que pudiera aplacar a mi condenada dicción para que se me entendiera lo suficiente, y los focos me dan miedo. Además, ¡envidio la capacidad de memorización e improvisación de los actores! Sé que todo puede cultivarse, pero me es difícil imaginarme en lo alto de un escenario, siendo capaz de transmitir aquello que llevo dentro.

Podía haber sido un buen declamador, pero palidezco ante verdaderos artistas, como Innes, que fue, vio y venció el miércoles pasado en un conocido certamen de poesía de Madrid. Ella dice que yo sería capaz, y yo creo que jamás podría hacerlo como ella. Y como muchos otros.

En fin, no sé si podría haber sido vidente, torero o pintor; presentador, maquinista o conductor de autobús; soldado, médico o anestesista; cuidador de perros, veterinario o escultor; apicultor, animador cultural o anillador de aves; fresador, viticultor o parlamentario; encantador de serpientes, faquir o ventrílocuo; profesor de filosofía del lenguaje, arquitecto o aparejador; matarife, carnicero o adalid de la lucha contra la extinción de las ballenas; adulador de poetas, empresario teatral o acomodador de sala; gurú de alguna sórdida pseudociencia, preceptor de jóvenes muchachos o instructor de vuelo; archivero, bibliotecario o bedel. Quizás jamás jefe, ni político ni empresario. Me quedé en filólogo, corrector, editor web, oficinista y apaga fuegos. Pero no bombero, ni miembro de la Cruz Roja ni guardabosques. Ni siquiera guardagujas, jefe de estación ni revisor.

Yo podía haber sido escritor si no fuera tan vago, tan caótico y tan poco sistemático como soy. Porque para escribir se necesita constancia, y eso me falta. Soy experto en empezar cosas, y como mucho en terminar un post como éste. Si terminara algo de lo empezado, si terminara alguno de mis proyectos, podría llegar, sí, a ser un buen escritor, de esos que llenan la mente cuando terminas uno de sus libros, satisfecho por terminar el viaje. Sí, estaría orgulloso y pleno de aprovechar el don que se me ofreció, la mejor carta que jamás tuve para jugar entre mis manos.

Esperad, creo que esto último se puede arreglar. ¿Y si de una vez terminara eso que tenía a medias? ¿y si...? ¿Y si alguna vez encontrara la respuesta a todas esas preguntas?

1 comentario

  1. Podrías haber sido todo eso, sí...
    Pero eres el Mejor.

Escribe un comentario