El precio de ser diferente
No me preguntéis el motivo, mis queridos lectores, pero el otro día en mi empresa, por arte birlibirloquesco de esa moderna y nefanda arma que carga el diablo y que recibe el nombre genérico y anglosajón de marketing, un nutrido número de compañeros del teclado se adscribieron de buena gana a una especie de lipdub (si no sabéis lo que es, y no me extraña, podéis pinchad en el enlace, claro) de colectivo frenesí al son de esa infame melodía conocida como "waka-waka" y que la insigne Shakira (a la sazón pareja de un conocido furbolista, mire usted por dónde) puso en el candelero con motivo del último Mundial de Fútbol. Y debo decir que se adscribieron personas con enjundia, con reconocido gusto, con prestancia, amén de otras muchas a las que no era extraño ver participar en alardes como ése. El espectáculo, como podéis imaginar, para este humilde y más que nunca outsider fue, no sé cómo definirlo...; quizá el mejor epíteto fuera dantesco, por recordarme el fin del mundo y la danza de la muerte medieval.
Claro, que todo el mundo tiene derecho a divertirse como le plazca y como le dicte su capacidad de raciocinio y discernimiento. Algunos nos da por asistir (e incluso participar) en certámenes de poesía o en conciertos de bandas no precisamente abonadas a las listas de éxito, y otros, pues eso, sostienen incluso a una cadena de televisión capaz de centrar su programación única y exclusivamente en un continuo espectáculo supuestamente rosa. Mañana, tarde y noche. Como lo oís. Y no se me ocurre nada más obsceno, pero como hay sol y luna que la gente lo sigue, porque eso existe, y gusta. No digo más.
Por eso me ha encantado el recordatorio que hoy han hecho los Microsiervos sobre el evento deportivo que va a tener lugar en unas horas (protagonizado, entre otros, por ese amigo con derecho a roce de la susodicha ¿cantante? anterior). Y es que la copa que levantará el capitán del equipo ganador lleva impresos los nombres de los anteriores campeones... ¡en comic sans! ¿Habrá algo más apocalíptico que eso? Pues la enfervorizada multitud ni se dará cuenta de ello. Claro, lógico, pero ahora que lo sabemos... ¿no resulta terrible?
Sí, el precio de ser distinto. Muy alto, desde luego, muy alto...
Actualización: A estas alturas todo el mundo conoce ya el destino de la Copa Sans. ¿Justicia demiúrguica? No lo sabemos, pero las redes sociales arden con un sólo protagonista: Sergio Ramos. Ejemplo (leído en un twit): "¿Qué es la eternidad?, Sergio Ramos y Bisbal jugando al Trivial". Animalicos...



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