La Coctelera

Las manos en los bolsillos

En formación

La educación judeocristiana tiene estas cosas. Te da una visión valiente y sacrificada de la existencia, y te hace desarrollar a partes iguales una capacidad inusitada para soportar los reveses vitales y una exacerbada tendencia a acoger la resignación como inevitable compañera de viaje. Los que hemos estudiado en colegios que ahora se denominan "concertados", donde los valores se inculcaban a sangre y fuego entre las décadas de los setenta y los ochenta, y aún más en el área mesetaria (y concretamente, en mi caso, en Madrid), sabemos lo que eso supone. Pero, si a eso sumamos una apuesta personal por abrazar la bondad por encima de todas las cosas, y lo mezclamos todo en una coctelera, da como resultado la eterna frustración, y su amiga la ansiedad. O desde otro ángulo, el ser un desgraciaíco, como el "cojico pa to la vida" de Amanece que no es poco.

Sí, ya lo sé, amigos lectores, que hay cientos, miles de millones de humanos que son infinitamente más desgraciados. Claro, y que es también innegable que la ley de la relativización es nuestra gran aliada. Innes me recuerda en estos casos una buena máxima: "míralo desde la tumba". Máxima, claro, que para los existencialistas impenitentes como yo suena fatal, pero que a la hora de colocar las cosas en su sitio es un arma muy, pero que muy eficaz.

Pero aquí también entra en juego otro nivel de dificultad, cual pantalla nueva de videojuego: las que hemos venido, por conveniencia, a denominar "rachas", o períodos de tiempo en los que todo, o prácticamente todo, se complica. Y aunque hay días en los que (esta frase sí que es mía, a ver si la patento) "la vida parece amable, con lo puta que es", y aunque ya sé que pensaréis que ya está aquí el plasta de Polidori, amigos míos, con su cantinela de siempre, os puedo asegurar que hay algún tuerto al que le están pitando, y mucho, los oídos desde hace unas semanas.

Sin embargo, venceremos, aunque sólo sea por lo plastas que somos. Y seguiremos aguantando, hoplitas de la buena intención, el asombro diario y el amor por las buenas cosas, aspis en un brazo y doru en el contrario, dispuestos a batirnos el cobre contra todas las manadas de malnacidos que asolan la Tierra.

Vamos que sí...

2 comentarios

  1. ¿Semanas? ...

  2. ¿Hoplitas de la buena intención? Coño, Polidori, esto no lo digas ante Benenito. Di mejor "hoplitas insobornables contra el lado oscuro de la fuerza" y deja tus intenciones ocultas ante las manadas de malnacidos que asolan la Tierra.

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