La Coctelera

Las manos en los bolsillos

La maleabilidad de las ideas

Realmente causa admiración este fenómeno antropológico que estamos todos manejando sin darle demasiada importancia: la red social. En él se dan cita desde los más delicados y profundos temas hasta el "porterismo" (con todos mis respetos hacia el oficio) más sórdido y sobre los temas más vulgares. Y, claro está, es un escaparate en el que cabe todo, mezclado y poco mensurado.

A los que nos gusta manejar el lenguaje con mimo y respeto nos maravilla la docilidad con la que una idea puede estirarse, deformarse y malearse, sobre todo sabiendo que no deja de ser, justamente, una idea. Es por tanto lógico que algo tan apabullante informativamente como la jornada electoral que hemos vivido ayer produzca encendidos debates en todo tipo de foros.

Sin embargo, desde que internet es lo que es, y sobre todo desde que existen esas redes sociales (y para mí los blogs eran, a su manera, también redes sociales), me ha sorprendido la capacidad de algunos "navegantes" de enfilar su barco contra corriente, intentando que todas las naves que hay a su alrededor, y principalmente el buque insignia, giren en redondo y se apunten a la misma empresa.

Son las cosas de la red (social), claro. A mí, de entrada, me da una enorme pereza enfrentarme a quien sé que piensa distinto que yo. Años de concienzuda búsqueda de mi verdad no pueden echarse por la borda por enfrentarme con el resto de verdades que existen en el mundo. Otra cosa es que no tolere argumentos que otros terceros se han empeñado, con una salvaje e innegable contundencia mediática, en taladrar en mentes más permeables que la mía.

En eso consiste, gracias al dios de la cibernética, esto que llamamos internet. Antaño, uno tenía que escribir una carta, esperar a que le contestaran, responder de nuevo, esperar una nueva contestación, etc. O, claro, batirse el cobre con el pecho descubierto en los debates que se creaban en algunas tertulias. Pero ahora todo es fácil, y ni siquiera en necesario mesurarse en el lenguaje: como todo en el ciberespacio, está a golpe de un simple clic. Fácil, instantáneo, pulcro, directo y, en algunos casos, de inusitada visibilidad.

El océano de exabits engulle todo sin piedad. Lo que se escribe queda obsoleto en el siguiente segundo. El debate más encendido y persistente se apaga en el mismo momento en el que se envía el último comentario de la cadena. Y puede reanimarse, y volver a lucir, pero la llama se extingue enseguida de nuevo, esperando un alma capaz de encontrar esa aguja en el pajar diario de información.

Y ahora todo eso gira en torno a una realidad muy concreta, lo que ha pasado ayer en los colegios electorales de toda España. Algunos estamos aturdidos, absortos, abrumados, a pesar de saber que iba a pasar. Otros están esperanzados, exultantes, casi casi vengados. Así es la realidad política en España. Y por eso tiene tanta importancia eso que está pasando en Sol.

Lo demás, queridos míos, es enredar aún más la madeja.

1 comentario

  1. Cómo comparto esa pereza de discutir con la gente que sé que no opina lo mismo que yo. De ahí también la importancia de eso que está pasando en Sol. Un abrazo.

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