Lo natural en la Plaza de Catalunya
Hay muchas cosas obscenas en las imágenes que se han visto de los Mossos desalojando esta mañana la Plaza de Catalunya. Varias cosas que dicen mucho de lo que somos los humanos, de nuestra capacidad para autodestruirnos, para arruinar nuestra propia existencia.
La primera, la obvia: lo denunciable, bochornoso, escandaloso e imposible de creer de ver a un tipo armado con su coraza, su casco, su escudo y su arma "reglamentaria" dando donde sabe que duele a los manifestantes desarmados y sentados de forma pacífica a sus pies. Eso produce repulsión, rechazo, incredulidad, desprecio.
La segunda, el hecho en sí de que sea necesario que unos pocos se sacrifiquen hasta ese extremo por denunciar todo lo necesariamente denunciable de nuestra sociedad. Ya sabéis lo que opino, la alegría que me da ver que todo esto está sucediendo, y me siento orgulloso de mis semejantes. Realmente esto produce esperanza, emoción y apoyo.
La tercera ha sido ver cómo los fotógrafos pululaban alrededor de los manifestantes y la policía haciendo su trabajo, y muy bien, por cierto. Literalmente, metían sus cámaras entre las porras y los brazos y piernas de los "a disolver" con una maestría pasmosa. Eso me produjo admiración, e incluso un poco de envidia como fotógrafo aficionado.
Pero lo que más obsceno me parece es el "baile final", ver cómo tres personas con unos objetivos bien distintos interactuaban juntas como si fuese lo natural. Una, intentando usar la porra para hacer un daño evidente. La segunda, intentando hacer ver al primero que no estaba haciendo nada para que se empleara tal violencia. El tercero, haciendo fotografías siendo evitado en todo momento por el policía, literalmente como si no existiera (bien sabe él que si toca a un periodista se le cae el pelo). Y, queridos lectores, eso me ha causado estupor y tristeza.
A esto estamos llegando los seres humanos, después de tanto y tanto sufrimiento en nuestra historia: a que tres personas actúen así como si fuera lo más natural del mundo.
Qué lástima ser persona.



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