Huelva remota
No me da la vida. Y como no me da, tengo que contaros algunas cosas con semanas de retraso. No creo que cunda el pánico en las calles de Madrid por ello, pero bueno, a mí me fastidia profundamente, pero creedme si os digo que no tengo la cabeza lo suficientemente despejada para acomete según qué cosas. Lo lamento.
Hace, pues, unas semanas puse rumbo a Huelva, la tierra de los atardeceres, y tuve la suerte, la oportunidad de contrastar mis ademanes de urbanita redomado en las profundas sendas de la Huelva más rural. Eso sí, en una casa de lujo, en un paraje deslumbrante y con una temperatura perfecta. Me quedé con ganas de mucha más quietud, de mucho mayor sosiego, pero ya se sabe, uno se debe a su trabajo, ¿no es cierto?, y fue así cómo me vi metido en un tren matutino un lunes cualquiera, con tanto verde y tanta paz a mis espaldas.
Para centrarnos, diremos que la familia política de mi hermano disfruta (el pretérito casi es ya obligado por culpa de la tan mascada crisis) de una posición ciertamente acomodada, y su suegro se ha construido una verdadera joya de casa en mitad de unas tierras de su propiedad cerca del pueblo onubense de Alosno. Me di un verdadero atracón de todoterreno por una finca interminable, en la que vi hasta abubillas, rapaces y ciervos.
También conocí a algunos especímenes de la población autóctona del lugar, y me di cuenta de qué forma nuestra vida en la ciudad se sigue alejando de la vida de esa otra gente cuyo horizonte no se aleja de una escueta comarca en mitad de la nada, a decenas de kilómetros de la ciudad y a millones de kilómetros de las grandes urbes. El choque cultural, os lo aseguro, es tremendo. Y, sin embargo, también compruebas que, a poco que rasques en la piel de ambos, la suya y la mía, anidamos en este mundo con las mismas inquietudes: sobrevivir y procurar la mejor vida para nuestros cercanos, sólo que en algunos casos ese quehacer se centre en, entre otras cosas, criar animales mansamente domesticados para alquilarlos a los pudientes (y no tanto; las fiestas locales exigen muchos dispendios). En definitiva, las antípodas de mi forma de ganarme la vida.
He añadido unas fotos a mi álbum "la luz de Huelva" en Flickr que espero que os gusten. Mientras, os dejo algunas miniaturas.




Cambio y corto.



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