La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Verano sintomático

Entre las tribulaciones del bloguero (comillas o cursivas, dispónganse a discreción del lector), una de las más frecuentes es escribir por "no tener nada que escribir". Y cuando el blog de marras es tan proclive al batiburrillo como éste, esta tendencia hacia la dispersión y la inconcreción es, naturalmente, tendente al infinito. El estío, ya lo sabemos, es estación poco dada a las introspecciones, más aún cuando uno atraviesa uno de esos días, una de esas etapas en la que el mundo le parece absurdo, trivial, grotesco. Y, además, hiriente, pavorosamente hiriente. No os asustéis, nada nuevo bajo el sol del existencialista.

Así trampeamos la realidad, entre Orgullos verbeneros, desolación laboral, baños en piscinas privadas sin salones de té y alguna que otra cosa sabia e interesante. Tan sabia e interesante como asistir a los recitales/concursos del Poetry Slam en el Café Libertad de Madrid, un oasis de amor a las palabras entre mareas de estulticia y asfalto candente.

Mientras, a uno se le va asfixiando un poquito más la capacidad adquisitiva. Y sin quejarse, por favor, que no tenemos derecho a hacerlo. Al menos en la SGAE empieza el desfile que todos sospechábamos. Sólo me falta ver pasar por él a algún que otro cantante famoso. Tiempo al tiempo.

En fin, agarrémonos al arte, el de verdad, que qué remedio queda. Estoy a punto de quitar otro renglón al "debe" de las grandes obras por leer. Estar ya casi en la recta final de La montaña mágica te hace afirmarte en la sospecha que todos tenemos y que se hace patente en casos como éste: los autores de antes hacían obras para los lectores ociosos del pasado, como casi todas las grandes obras ideadas para los lectores con menos ocasión de procrastinar (término, que lo sepa todo el mundo, ya admitido por la RAE; flípelo usted, término también admitido por el DRAE, que suma y sigue ad eternum, ad vomitum). ¿Su valor literario? Innegable. Su grosor: muy discutible. Odio decirlo así, pero al bueno de Mann le sobra, al menos, un tercio de sus páginas, si no algo más. Eso sí, hay pasajes deliciosos, vibrantes y propios de una mente inteligentísima que conoce muy bien los mecanismos literarios para engancharte a la trama cual lapa a roca litoral. Pero eso sí, leerlo es una ardua tarea, sin tener unas buenas vacaciones a las que meterles mano.

Volviendo al tema de la procrastrinación, también se asombra uno de las cosas que se entera por eso de hacer una búsqueda en san Google. Si alguno ha cogido el mando de su consola favorita para deleitarse con esa pasmosa maravilla que es L.A. Noire, habrá notado que la banda sonora es de diez. Bien, pues a poco que se indague sobre el autor de la tal, se verá que el susodicho es Andrew Hale, y si uno busca en las imágenes googleianas descubre que su rostro le resulta familiar. ¡Claro!, como que es un músico del grupo que acompañaba a Sade (en este vídeo de escasa calidad se le puede ver a los teclados), y que ahora es compositor de bandas sonoras. Sorpresas da la vida, ¿verdad? Pues cuando os diga quién es la hermosa voz femenina que aparece en algunos cortes sí que os quedaréis boquiabiertos... Nada menos que Claudia Brücken, esa bávara tremenda que gritaba soflamas como una posesa en los tiempos míticos de los míticos Propaganda, y que hace años se pasó al jazz. Aquí y aquí podéis verla en aquellos tiempos de furia y de rabia (sí, lo sé, queda un poco descafeinado con la perspectiva del tiempo, pero no olvidemos que corría el año del Señor de 1982), y aquí en su etapa en solitario. Y, por último, aquí en el susodicho juego. Las vueltas que da la vida...

Y a propósito del juego, nueva maravilla. Si Red Dead Redemption me dejó fascinado, éste no le va a la zaga. Yo insisto que los juegos están escribiendo una nueva página en la historia del arte, no digo más. Aquí os dejo con el tema principal de la banda sonora, para que vayáis haciendo boca.

Las series. Mi seriefagia se alimenta actualmente de un clásico, The Wire, después de haber sido abducido por Juego de Tronos. No sé lo que pasa con los videojuegos, pero está claro que el cine está hoy encerrado en nuestras pantallas LCD. De Juego... puedo decir que algunos de sus pasajes son dignos de un tal Guillermo que nació en Stratford-upon-Avon, y tampoco digo más. Bueno, sí, que joder con el enano; Peter Dinklage da a veces hasta miedo por su interpretación. Ya flipamos con él en Vías cruzadas, pero lo que ha hecho en la serie es harina de otro costal.

Y sí, además hubo un viaje, como suele ocurrir por estas fechas. En este caso por tierras cántabras, a la espera de poner rumbo a otros lugares más, como decirlo, más highlanders en agosto. Un viejo sueño de adolescencia que se va a hacer realidad.

Si este fuera el mejor post de la historia de los blogs tendría un tema, un argumento, un razonamiento con peso específico; y sin embargo no es así, es simplemente un post de verano, aletargado, rabioso y contenido. Casi parece un telediario veraniego, mostrando, como siempre, los "estragos" del verano. Pero, como comprenderéis, prefiero ahorraros mi primer posado; más que nada, porque ni siquiera he empezado Biología.

Corto y cierro el batiburrillo.

1 comentario

  1. innes

    Risas. Por el final. : )

    Lo de la "seriefagia" es ideal. ¡Me lo tiro!

Escribe un comentario