El verano es un suspiro
Tengo en mi escritorio de trabajo un calendario de esos que presentan una hoja para cada mes, y que te acompaña, pues, durante cuatro o cinco semanas con la misma página y la misma foto. Trivialidades, lo sé, pues estamos muy acostumbrados a ello. Sea de tamaño grande o de tamaño pequeño, el esquema de los almanaques suele ser el mismo. Sin embargo, un calendario pequeño es algo más íntimo, y con él entablas una especie de lenguaje oculto, asombrado siempre de lo rápido que tienes que pasar sus hojas, a pesar de la distancia que supone en el tiempo físico (un mes, joder; debería ser más lento). Pero ya se sabe que el tiempo es relativo, y una eternidad puede pasar en un momento, y hay momentos que contienen más de una eternidad. Y momentos, claro, que serán eternidades futuras, repetidas tanta veces hasta la saciedad. Algunas, incluso, las conmemoramos con grandes fastos, o con pequeñas punzadas en el estómago cuando se trata de amargos recuerdos. Así somos los humanos, empeñados en encerrar el tiempo en una caja, lo mismo que en poner puertas al campo o colores al mar.
Mi calendario es de una ONG, de Entre Culturas, para ser exactos. Ni siquiera sé exactamente cómo llego ahí. Supongo que algún compañero me lo cedió amablemente. En sus hojas pueden verse imágenes en las que el motivo habitual suele ser una enternecedora escena tomada en algún lugar remoto, para mostrar hasta dónde llega la susodicha organización y lo beneficioso que es su labor entre los más necesitados. Algo hermoso, por supuesto. Algo hermoso y cotidiano, pues como cualquier calendario que se precie encierra una paradoja temporal: sus fotos nos resultan novedad, pero lógicamente están realizadas, al menos, con un año y algunos meses de "retraso". Es decir, la sonriente profesora salvadoreña que me mira cómplice delante de los pupitres de su escuela hace ya más de un año que posó, así, risueña, delante del fotógrafo.
El verano es eso, fijarte en estas cosas, y descontar días en el calendario. El verano es pereza y cruces a boli sobre hojas de almanaque.
Así se nos pasa el verano, en un suspiro.



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