La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Los buenistas

Algunas personas de mal gozan con la deliberada confusión que produce la queja oportunista sobre lo que se ha venido a denominar "buenismo". Cierto es que nuestra sociedad ha estado y está anestesiada. Si paseas por el centro de cualquier ciudad del primer mundo sientes en tu piel que a los ciudadanos se la traen floja los conflictos que traspasen la frontera de aquello que denominan su propia "realidad". Y es por eso que ese buenismo está muy presente y no permite mirar de frente a la atrocidad.

En la otra cara de la moneda están aquellos, pues, que se quejan de ese buenismo y han aplaudido a manos llenas, a manos destempladas la muerte quejumbrosa de Muamar el Gadafi. Y también aplaudieron con dedos sonrojados por el esfuerzo el ahorcamiento de Sadam Husein. E incluso tuvieron la osadía de descorchar botellas por la misteriosa y poco creíble muerte de Osama bin Laden. Y yo no. Yo quería ver a Gadafi, a Husein, a Bin Laden sentados en un banquillo, paseando cabizbajos por los pasillos de una cárcel, pudriéndose literalmente en el aislamiento de una celda solitaria sólo roto por las esquivas palabras de sus celadores. Muriendo, al fin, de soledad como Hess en las celdas de Spandau.

Pero hay algo más: ese atávico gusto de los habitantes de países de tradición musulmana por pasear y mostrar los cadáveres lacerados y sangrantes de los grandes enemigos. Desde el buenismo occidental produce asco ver esos cadáveres desfigurados, a veces hechos jirones. Cuesta buscar un referente, y la mente tiene que remontarse a escenas tan macabras como la del cadáver de Mussolini colgado y desfigurado, o a otras aún más crueles que tuvieron como protagonistas involuntarios las víctimas de unos y otros terrorismos.

Civilización es sentar a un criminal en un banquillo y que termine con sus huesos en la cárcel. Civilización es contar con que una persona debe ser juzgada por un tribunal imparcial, y no ajusticiada en plena calle, y menos aún desmembrar su cuerpo ante el personal congregado.

Si eso es buenismo, soy buenista. Y a mucha honra.

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