La Coctelera

Las manos en los bolsillos

De esguinces y fragilidades

Es apabullante: un mal salto y muchos días de arrastrar los pies. La cojera no es precisamente elegante, y ni siquiera el poder cambiar el paso (primer y último chiste al uso) a la rutina diaria parece ser suficiente. Primero es el dolor, el activo (ese que es tan real y tan constante) y el pasivo (el que te produce la desgana de días de dique seco con la pierna en alto). Y segundo es descubrir que la rutina en casa sin más, no la que te ofrece un día de asueto (a pesar de algunos indignos como Sostres), no es tan atractiva como pudiera parecer cuando no te cambias de postura y el tobillo te palpita constantemente.

Somos frágiles, queridos lectores. Frágiles como un puñetero trozo de hielo.

Ahora todo se aleja. Por fin recupero la compostura. Ahora que ha vuelto la lluvia y el tímido frío es muy probable que sea tiempo de reanudad aquello que estaba aturdido y abandonado.

Seguimos en pie. Maltrechos, sí. Frágiles, sí. Humanos, al fin y al cabo, pero únicos.

Ya acero mi espada. Ya vuelvo a estar vivo.

Ya.

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