La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Grandes canciones: "Kentucky Avenue" de Tom Waits

El bestia de Tom Waits, que ya ha aparecido en esta sección en alguna ocasión, además de ser cofrade de la Santa y Ronca Virgen de los Ebrios de Cazalla de la Sierra (pueblo sevillano, señor Rajoy), y de estar siempre en la punta de lanza de los músicos que se empeñan en acariciar lo inescuchable, amén de ser el destrozado por excelencia y santo actor de los papeles imposibles, tiene también la virtud de, cantando, saber ponerse tierno como pocos, tal y como repasamos en "Blue Valentine", o en "Innocent when you dream". Pero a mí, que me gusta más su vena "tónica" que "átona", siempre me gusta volver a sus discos de siempre, los sacados de una peli de circo decididamente decadente (como sólo puede ser decadente un circo) o los empleados en sus venas jazzístico-bluseras rodeado de pachucos y humo hediondo. Y entre ellos destaca Blue Valentine, y entre sus surcos (imaginarios con tanto bit digital) siempre llego a la misma canción en la que paro máquinas, me bajo del mundo y llego a la misma conclusión: si alguna vez tuviese que elegir, si ello fuera posible, las mejores diez canciones de mi historia, tiraría de esta pieza de nostalgia adolescente sin dudarlo: "Kentucky Avenue".

Por muchas razones; porque es la oda a la melancolía y la emoción (ronca, pero emoción, al fin y al cabo) hecha canción, porque mantiene una tensión difícil de igualar, porque es emotiva sin ser blandengue, y tiene uno de los finales más hermosos que jamás se hayan grabado en la historia de la música. ¿Exagerado yo?, qué va. Juzgad vosotros mismos, avivando ese seso dormido, antes de que veamos pasar la vida por la Avenida Kentucky.

Os dejo primero este vídeo de una vieja actuación del bueno de Tom:

Después esta onírica versión en blanco y negro que me ha recordado que ya queda poco para que empiece la nueva temporada de Mad Men, y de la que no tengo ni idea de su procedencia, pero con la que al menos podéis escuchar decentemente la versión original de la canción, sin tener que poner atención a las imágenes.

Brindo de nuevo por la cándida adolescencia, por pura nostalgia, por esos recuerdos y porque, gracias supongo a no ser profesor, ahora venero como ese tiempo brillante y hermoso en el que nos creímos inmortales.

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