La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Grandes canciones: "I might", de Wilco

No soy muy de Wilco. Bueno, no soy mucho de grupos que suenan como antaño porque para eso tengo los grupos de antaño. Me sorprende escuchar estructuras sonoras propias de los setenta, de los ochenta en grupos modernos; que si ese bajo suena a..., que si esa batería parece sacada de un disco de Bowie, y no digamos nada de la voz. Ni siquiera me vale eso de "soy un grupo de ahora, pero quiero usar la tecnología de antes para ver de lo que soy capaz", aunque a veces reconozca logros espléndidos (llamémosles, por ejemplo, The Editors). Sin embargo, a veces, sólo a veces, se da esa conjunción astral que propicia que, de repente, a la primera escucha, una canción entre en el "top ten" de tu cabeza, y se convierta en uno de esos temas escuchados hasta la saciedad, taladrado en tu cerebro como si fuera un maldito martillo pilón.

Y, así, fue como me topé con esto...

Ese ritmo, esa batería añeja, ese bajo de otros tiempos como si tuviera flojas las cuerdas, ese órgano como de válvulas, esa voz bowieana contoneando las estrofas, el estribillo, el detalle del xilófono, ese pequeño parón en mitad de la frase que tanto me gusta, ese canturreo acompañante, esos parapapeos finales, esa tensión permanente y, ante todo, esa compleja sencillez han hecho de esta canción, ya, un clásico en vida, en mi vida, una esplendorosa manera de despedir este otoño destemplado.

Así que ahora, cuando me pregunten si me gusta Wilco, en vez de torcer el gesto, tendré que decir que sí, con la cabeza gacha y haciendo círculos en el suelo con la punta del zapato.

Sí, al menos una canción, una de ESAS canciones perfectas, brillantes como soles de otoño. No sé si me entendéis...

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