La Coctelera

Las manos en los bolsillos

De cabeceras y despedidas de año (de nuevo)

El año se termina, y podéis creedlo o no, pero me ha salido, sin querer, exactamente el mismo título de post que me salió hace ahora un año, y el presente no se puede decir que haya sido mucho mejor que el anterior; menos trágico, pero nada que pudiera parecerse a amable.  Sólo algún viaje ha salvado un erial digno de una buena travesía del desierto. Y muy especialmente Escocia, ese manto verde que colorea tanto negritud, tanto gris en el recuerdo.

El caso es que tenía el blog muy abandonado. Qué novedad. Exactamente lo mismo que hace un año. Y una vez más me estaba dejando arrastrar por la melancolía. Qué novedad. Así que por esta vez voy a contener mis caballos desbocados y voy a intentar ser menos pesimista. Y eso sí que resulta novedoso, qué queréis que os diga.

El año ha sido pródigo en acontecimientos, en pérdidas, en cambios, e incluso en esperanzas. Cuando pienso en lo que podría imaginar de esta fecha hace años, ese 2012 tan redondo y hasta hace poco tan distante, me entra vértigo. El caso es que aquí estamos, a punto de girar de nuevo la rueda, atisbando el horizonte desde la cima del acantilado y observando los nubarrones a poniente. Son tiempos duros, terribles incluso, y ahora más que nunca faltan epítetos para describir lo que se observa desde esta atalaya. Tengo la cabeza atiborrada de pensamientos, y me es difícil ordenarlos, así que debo pedir disculpas por esta falta de concreción, por este titubeo infame.

Termino este año como empezó, encerrado en casa, inusualmente solo y observando el mundo desde esa ventana ya tan acostumbrada a la que damos el nombre de internet. Al otro lado hay seres de todo pelaje que remolonean delante de la pantalla, observados desde el otro extremo del mundo, en un juego fascinante de voyeurs distantes y cruzados. Este mundo digital de tweets, estados y confidencias cibernéticas (qué viejuno queda ya eso de cibernético) en el que ahora estamos sumidos desde la fascinación y la incredulidad nunca deja de sorprendernos, aunque sea ya también nuestro mundo. Escribo estas líneas para que las leáis vosotros, y no deja de ser algo extrañamente cercano y terriblemente lejano a un tiempo.

En fin, sólo me queda desear lo mejor para todos vosotros para esta nueva vuelta de la Tierra alrededor del Sol, y dejar constancia de la última cabecera de mi viejo amigo Friedrich, como de costumbre. En este caso se trata de Der Watzmann, que se encuentra en el Alte Nationalgalerie de Berlín.

Y no descartéis que mañana escriba algo más. Estoy así de imprevisible.

3 comentarios

  1. La Tierra gira y gira, como siempre, y hay que agarrarse fuerte para que no te escupa hacia fuera. O hacia dentro. Infinito.

  2. Te doy un consejo: "Yo prefiero mirar al futuro y pensar en cómo será. Quizás sea porque no me da miedo que pase el tiempo: el pasado está ahí para recordarlo; pero el futuro está también ahí para disfrutarlo". Hay siempre que pensar en positivo y disfrutar,Saludos.

  3. Muchas gracias, Vela.
    Lo que pasa es que "pensar en positivo" no es lo mío. Te recomiendo este libro: http://pablorpalenzuela.wordpress.com/2011/10/08/sonrie-o-muere/.
    Ya sabes: la realidad admite muchas miradas distintas.
    Saludos

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