Cambalache
Perdonad que hoy sea pesimista, pero no me gusta el mundo en el que vivo, y sé que va a ser casi imposible cambiarlo.
No negaré que influye mucho una batalla lenta y tediosa que mantenemos con eso tan genérico que llamamos "salud" y que, de un tiempo a esta parte, no está siendo precisamente benévola con nosotros, y menos aún con nuestro deseo de ser padres. Incluso debería estar plenamente satisfecho con la vida, ahora que la situación laboral por fin está siendo esperanzadora en mi caso, aunque eso signifique, como de costumbre, nadar a contracorriente de esa cifra del paro que hoy nos ha dejado helados.
Hoy estoy pesimista porque todo lo que nos está viniendo encima me produce escalofríos. Y sí, hablamos de política, y hablamos de la izquierda. Porque ser de izquierdas hoy es difícil. Ahora que las peores pesadillas neoliberales están copando todos los medios de comunicación, defender posturas de izquierdas es tener que agachar la cabeza por los dislates y la tibieza de actuación de los dirigentes supuestamente progresistas del pasado cercano, que se han tenido que arrodillar ante los mercados y, en nuestro país, ante las consecuencias de esa famosa burbuja que unos alentaron y otros no supieron domeñar. Que ahora sea la oportunidad de actuar de los políticos conservadores ante una situación artificialmente catastrófica no significa que los que tenemos una convicciones de izquierdas comulguemos jamás con unas soluciones donde lo único que prime sea doblegarse ante don Dinero y su recua de secuaces de trajes oscuros y ademanes autosuficientes.
Querer creer que somos todos iguales; que todos tenemos derechos a todo; que la sociedad debe caminar unida; que el fruto del trabajo que todos debemos tener debe verse recompensado con servicios de la máxima calidad posible pagados con nuestros impuestos; que además del trabajo nuestro derecho incluye no sólo una vivienda, sino todo aquello que suponga mantener una existencia digna; que no podemos depender en nuestras necesidades primarias y no tan primarias de empresas que busquen ante todo su beneficio; y que el bien común tiene que ser el bien más preciado para todos nosotros no debería ser una utopía, una excentricidad y una anacronía en el mundo que nos ha tocado vivir. La solidaridad, la igualdad, la suprema justicia para todos se está escapando de nuestras manos como un puñado de arena entre los dedos, y cuanto más tiempo pase, dadas las actuales circunstancias, más nos va a costar recuperar ese mundo en el que la economía no debería ser la noticia principal de cualquier medio de comunicación.
Hoy los trepas, mangantes, aprovechados, desalmados, usureros, explotadores y simplemente sinvergüenzas campan libres y por doquier. Hoy las virtudes sociales están apartadas y pisoteadas por una sociedad en la que sólo importa el éxito económico a toda costa. Hoy la pesadilla de que todo gire alrededor del dinero, del capital está más presenta que nunca, y la solidaridad está sólo en manos de unos utópicos vilipendiados e insultados por la clase dominante y la prensa que le hace de comparsa y prepara al necio para que repita como una cacatúa las soflamas que pudren la sociedad de bienestar que tanto ha costado sacar adelante por las pasadas generaciones.
Hoy el fracasado, el débil, el distinto es apartado y vilipendiado como se aparta a los ancianos en una sociedad que mira para otro lado en causas que tendrían que ser principales y básicas. Y lo peor es que estamos tan adocenados que nadie, incluido yo mismo, hacemos nada porque lo que vemos que se hace sabemos que no sirve para nada. Y cuando la gente protesta, se revuelve, se "indigna" es tratada por esos alfeñiques que vociferan como una panda de pordioseros y estúpidos soñadores.
Son tiempos difíciles, y soy tan pesimista porque ésa no era la sociedad en la que me imaginaba que iba a vivir. Así que perdonadme que hoy lo sea, pero qué le vamos a hacer, aún no me han lobotomizado.
Para celebrar este desenfreno optimista os dejo con Cambalache del gran Gardel. Sólo tenéis que cambiar el siglo XX por el XXI y la cosa queda completamente actualizada.



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