La Coctelera

Las manos en los bolsillos

In memoriam: Wislawa

Ha fallecido Szymborska. A los ochenta y ocho años, y según parece tranquila, en su cama, mientras dormía.

A veces se mueren los malos, pero cuando se mueren los buenos siempre nos queda un resquemor amargo que llena ese hueco en la boca del estómago que se hace patente en estos momentos de dolor. Sí, dolor, porque hay seres que, a miles de kilómetros de distancia, desde su Cracovia natal y vital, dejan profunda huella en ti. Los versos de Wislawa me han hecho sonreír, llorar y que se hiciera un nudo en mi garganta. Wislawa nos ha hablado de amor con humor, de realidad con ironía, del terror con sobrecogimiento.

A Wislawa Szymborska no la conocía en persona, lógicamente. Hasta me cuesta, como buen castellano, pronunciar su nombre, y sé que lo hago muy mal. Como sé que nunca podré leer sus poemas en su polaco materno porque nunca dominaré esa lengua (ni ninguna otra) como para entenderlos en toda su magnitud.

En esta Torre de Babel dependemos de los sufridos y mal pagados traductores y editores, que nos ponen las palabras de otros en bandeja de plata, para que no nos molestemos. Y con Wislawa me consta que han hecho un buen trabajo.

La red está plagada de sus poemas, de sus palabras. Como muestra, dejo un par de ejemplos que ya aparecieron en este blog hace mucho tiempo. Aquí uno y aquí otro. Y de sus palabras, qué mejor que esta maravillosa entrevista aparecida en El País hace ya también un tiempo.

Wislawa era, ya no es, y eso siempre cuesta. La muerte está presente, pues los seres que nos son contemporáneos muchos dejarán de serlo, como nosotros dejaremos de ser contemporáneos para aquellos que vengan detrás de nosotros. Si existe mundo, y existe tierra para entonces. A Wislawa le gustaba hablar de sus contemporáneos, de sus alegrías y de sus miserias. De las pequeñas historias cotidianas que rodean al amor, a la existencia misma y a la muerte. Pero sobre todo al amor, mezclado con el paso del tiempo, con los recuerdos, con la vida. Con la vida que ya le ha abandonado, dejando tras de sí el cadáver de alguien que vio el mundo con sensibilidad, y que como diría Nacho Vegas, no siempre se mostró capaz de disfrutarlo como lo hacen los demás. Por eso sus gustos sencillos, su coñac, su café y su cigarrillo empapado de viejos recuerdos serán su seña de identidad, su carta de presentación eterna.

Descansa en paz, querida Wislawa, que eso es lo que se dice. Nosotros nos agitaremos con la cotidianidad, que era lo que más apreciabas. Y te leeremos, no lo dudes. Eso ahora y siempre.

2 comentarios

  1. Pitry

    Yo no conocía a esta mujer hasta que la descubrí en este mismo espacio, no sé si en el post que señalas o en otro, en cualquier caso me encantó y desde entonces me interesé por ella y su obra, llegándome a enamorar su poesía.

    Aunque sepamos que debe ser así, siempre es triste ver como grandes personas nos abandonan. Al menos nos deja sus poemas, que no es poco...

    Un saludo Polidori!

    P.S: Y en cualquier caso también me doy cuenta que llevó muchos años leyéndote a ti... y espero que sean muchos más!!

  2. Querida Pitry:

    Llevamos ya mucho tiempo leyéndonos...
    Y que sepas que no hay cosa que más ilusión me hace que descubrir cosas a la gente. Soy un pescador nato, todo el día con el anzuelo puesto, y no sabes lo feliz que me siento cuando la gente hace un suculento plato con mis pescados...

    Un beso

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